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LOS PUROS DE LA SANTA MUERTE
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BIOGRAFIA DE LA SANTA MUERTE (PRIMERA PARTE)

¿Quién es la Santa Muerte? ¿De dónde viene? ¿Es mexicana o de origen africano? ¿Es una entidad buena o mala? Son muchas las preguntas que la gente se hace y pocas son las respuestas. En este espacio conocerás la historia de la Señora desde sus orígenes hasta nuestros días. Aprenderás cuál es la diferencia entre la Santísima Muerte mexicana y las deidades Santeras y paleras. En fin todo respecto al origen de ella aquí está.

EL ORIGEN MÁS ANTIGUO EN MEXICO

El culto a la muerte existe en México desde hace más de tres mil años. Los antiguos pobladores de lo que hoy es la República mexicana concebían a la muerte como algo necesario y que le ocurre a todos los seres en la naturaleza. Tenían por seguro que los ciclos en la naturaleza como la noche y el día, la época de secas y lluvias eran el equivalente a la vida y la muerte.

Comenzaron a representar a la vida y la muerte en figuras humanas descarnadas por la mitad. Estas imágenes simbolizaron la dualidad entre lo vivo y lo muerto, lo que llevamos dentro y fuera, la luna y el sol. Podemos decir que es entonces cuando comienza un culto a la muerte que se extiende por todos los rincones del México antiguo y son devotos muchísimas culturas como los mayas, zapotecos, mixtecos, totonacas y otras más.

Pero uno de los pueblos dónde el culto a la muerte adquirió más fuerza fue el de los mexicas o aztecas. Este pueblo considerado como uno de los más aguerridos de que se tenga noticia llevó a los extremos la devoción a la muerte.

LOS DIOSES DE LA MUERTE

Los mexicas heredaron de épocas antiguas a dos dioses: Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, el Señor y la Señora del Mictlan la región de los muertos. A este lugar iban los hombres y mujeres que morían de causas naturales. Pero el camino no era fácil. Antes de presentarse ante el Señor y Señora de la muerte había que pasar numerosos obstáculos; piedras que chocan entre sí, desiertos y colinas, un cocodrilo llamado Xochitonal, viento de filosas obsidianas, y un caudaloso río que el muerto atravesaba con la ayuda de un perrito que era sacrificado el día de su funeral.

Finalmente el difunto llegaba ante la presencia de Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, los terribles señores de la obscuridad y la muerte. La tradición dice que entonces se le entregaba a los dueños del inframundo ofrendas. Este detalle es muy importante ya que con el tiempo estas ofrendas seguirán presentes en los altares de la Santa Muerte.

Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl fueron sin lugar a dudas las deidades a quienes se encomendaban a los muertos pero también eran invocados por todo aquel que deseaba el poder de la muerte. Su templo se encontraba en el centro ceremonial de la antigua ciudad de México Tenochtitlan, su nombre era Tlalxico que significa “ombligo de la tierra”.

HILERAS DE CRANEOS

Había otras representaciones de la muerte entre los mexicas. Por ejemplo el Tzompantli, “hileras de cabezas”. Este tzompantli no era otra cosa que unos palos en donde se ensartaban cráneos y se formaban grandes hileras como en los ábacos utilizados por los niños para contar.

Estos tzompantlis se encontraban en los grandes templos del México antiguo y eran considerados como una parte importante del culto de sacerdotes y gente común.

Además de los tzompantlis tan conocidos y famosos también existían diferentes representaciones de la muerte representados casi siempre en figuras de calaveras talladas en piedra, en barro, o bellamente pintadas en los libros antiguos llamados códices.

También se han encontrado calaveras humanas adornadas con pedernales y conchas por ojos. Los especialistas no se han puesto todavía de acuerdo sobre el significado de estas calaveras pero suponen que era una ofrenda a los señores de la muerte. Así, por donde quieran aparecen los rastros de la muerte descarnada, están en los adornos de la diosa Coatlicue, en las ofrendas en incensarios rituales, en figuras de todo tipo y tamaño.

Todo esto nos dice que hubo un culto muy fuerte a la muerte entre los antiguos mexicanos. Y conste que no hemos hablado de los mayas, los tarascos o los totonacos que tan devotos fueron de la muerte.

Con la llegada de los españoles parecía que todo el culto a la muerte iba a quedar en el olvido, pero no fue así. Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, sobre todo esta última, permanecieron ocultos y muchos de sus devotos los siguieron.

CONTINUARA